Anécdota ganadora del concurso con motivo de los 100 años de la Escuela N° 32 "Maestro Agustín Ferreiro"




Con la flechita en el moño

Transcurría el año 1964 y el viejo edificio del Salón de la casa de la familia Gamboa, dividido en cuatro por grandes cortinas de tela rustica,albergaba las aulas de nuestra querida Escuela N°32. Separadas las clases precariamente éstas se distribuían: al norte 4° año, en el centro dividido a su vez en dos partes las clases de 6° y 5° y al extremo sur la clase de 3°.
Su directora era la Señorita Dolores Cobas Costa a la que todos a pesar de que no le gustaba mucho, nombrábamos “Doña Lola, siempre recogía su pelo en un impecable moño,clásico en ella ...no recuerdo haberla visto peinada de otro modo ,trajinaba sus quehaceres diarios de la múltiple función que ejercía como directora y maestra,atendiendo su clase de 4° año y demás controles con estricta seriedad y haciendo cumplir casi a régimen militar las obligaciones de cada uno en aquel lugar.
- A veces la veíamos tan feroz que nos hacía temblar, otras veces tan tierna y cariñosa como una madre, eso sí… celosa de que las cosas se cumplieran o, se cumplieran.
Yo cursaba por esa época creo que el 3° año,en un horario especial que ella había programado con total dedicación para mí a los efectos de que pudiera asistir a la escuela.
Viajaba desde mi casa en el campo un poco a caballo hasta la parada 268, distante a unos 10 kilómetros de Blanquillo.
Recuerdo que subía al tren de lunes a viernes a las 11 de la mañana y regresaba a las 15 y 30, que era el horario que el ferrocarril cumplía todos los días.
Las jornadas de clase transcurrían como en todas las escuelas, con ese bullicio especial que se asemeja al zumbido de una gran colmena, esperando que transcurrieran las horas para salir al recreo, siempre con algunos distraídos que la maestra rezongaba porque no ponían atención a lo que ella estaba diciendo, siempre preguntaba al que estaba mirando para otro lado, dado vuelta en la banca…_A ver niño, ¿qué fue lo que dije...?_ Y claro esa pregunta era fatal para el que no estaba atendiendo, lo dejaba más desacomodado que chupete en la oreja, el interpelado contestaba siempre cualquier disparate, cosa que causaba por lo general el festejo y la risa de todos, allá la maestra enojada nos prometía que si no hacíamos silencio quedábamos todos sin recreo.
Un día, como todos los días, en el intercambio habitual de mensajes entre una clase y otra que hacíamos enviando vía aérea por encima de los cortinados, ya con pelotitas de papel o con las clásicas “ flechitas”, pasó una de ellas desde la clase de 3° año con rumbo Norte a alta velocidad y ganando altura cayó en la clase de 4°.
¿Dónde se fue a clavar?… para colmo de males… justo en el moño de “Doña Lola”, con tal fuerza que para mala suerte nuestra enseguida lo notó, se tocó la cabeza y la desprendió de su pelo, la abrió y leyó el mensaje que, no sé qué bobada decía, pero la cuestión fue que la directora salió echa una furia recorriendo las clases y preguntando: ¿Quien fue el autor de esto? - Por supuesto que el que la había lanzado se quedó quietito sin chistar, disimulando la travesura “como perro que vuelca la olla”, la directora dio varias vueltas con su infaltable regla negra, era de ébano con perfiles de bronce que cuando la hacía sonar parecía que se nos saltaba el corazón por la boca.
La golpeó algunas veces en la orilla de los bancos, cada vez más enfurecida y nosotros más asustados y quietitos sin movernos, no queríamos ni mirarla.
_¡¡Bueno, muy bien!!...Así que nadie fue el autor de la broma… nadie es el responsable...entonces ahora todos se quedaron sin recreo por una semana y hoy una hora más a la salida.-
_La noticia de aquella sanción nos dolió más que habernos clavado una espina en el talón…
_¿Sabes lo que era no tener recreo por una semana… no poder jugar a la pelota o a la bolita por una semana?
Era mucho, mucho tiempo, pero bueno, como nadie se acusó, nos quedaríamos con la pena clavada toda la semana como la “flechita en el moño”.
Bueno, pero al final el clima nos ayudó… llovió toda la semana… hasta el jueves, de cualquier forma de no haber sido por la flechita igual nos hubiésemos tenido que quedar adentro a la hora de los recreos.
El viernes amaneció con un sol radiante y calentón, los más audaces de cada clase, no aguantaron más y hablaron con las maestras para que intercedieran con la directora para dejarnos salir al recreo a jugar.
El maestro Washington Pereyra aliado nuestro en el fútbol, no le pegaba ni para atrás a la pelota, pero siempre se entreveraba en los “picaditos” nuestros, fue a hablar con Lola que como ya se le había pasado la rabieta de la flechita, nos levantó la sanción y dio la orden a cada maestra para que salieramos a jugar.
Fue tanta la explosión de alegría de todos que recuerdo al “Negro” Abel Oviedo, que era “vitalicio” en la escuela, repetidor de cuatro años en la escuela, no sé si por lo bandido que era o porque él no quería dejar la escuela, salió tan apurado en la carrera con la pelota rumbo al campito de enfrente a la escuela que era donde se armaban los partidos que se lo llevó por delante al maestro Pereyra, cayó rodando al pie de la escalera del salón ensuciándose el pantalón, la túnica blanca, él era impecable en su pulcritud, cuidadoso al extremo, eso fue como explotarle un cohete en las patas de un gato, saltó hecho una furia y lo sacó corriendo al Negro Abel y creo que esa vez batieron el récord mundial de velocidad, en su loca carrera Abel cruzó el alambrado de enfrente, comenzó a correr en círculo por la orilla del campito donde estaba la canchita de fútbol, la lluvia de tantos días arrastró tierra de la calle que se había hecho barro en todos lados, el Negro corría y gambeteaba para que el maestro no lo agarraba, en una de esas vueltas de su loca carrera con el maestro pegado a sus talones, gambetea Abel y, sucedió lo que todos esperábamos, se resbala Pereira se completó el espetáculo que a esa altura toda la escuela disfrutaba con gritos y algarabía… maestro al suelo, en medio del barro, con su túnica blanca, su pantalón beige, su inmaculada humanidad terminó en una mesa de barro irreconocible ,en medio de las carcajadas de todos.
El Negro aprovechó ese percance de Pereyra para salir corriendo y escabullirse, creo que fue tal el susto de Abel que ahí no más terminó su período escolar.
No recuerdo haberlo visto más en clase ni en la escuela.
- Hoy el recuerdo de mi querida escuela, el de “Doña Lola”, de aquel maestro Pereyra , de María Gloria Alvez,esa abnegada, benévola maestra que con su especial temperamento y dedicación nos enseñó tantas cosas que fijaron nuestra personalidad.
Al maestro Búrgues, las maestras Rita, Liliana Sosa, Libertad Montero, Alicia Lafón, Nelly Torres, Maribel Garagorry, Alicia González y tantos otros que pasaron por esa querida escuela, que se me escapan en mi memoria pero que siempre estarán en el corazón de los que fuimos alumnos de esa aulas, a los maestros que no he nombrado, les pido perdón por esa omisión, pero que están guardados en un rincón de mi corazón.
Casi todo vuelve a mi mente trayéndome esas sensación agradable que me hace cosquillas en el pecho,que solo los recuerdos de la infancia y de mi escuela me hacen sentir como a todos...por un instante,mejor.









Autor: Celso C .Anzola Santana
Editores: Nazareno Corena y Alejandro Rodriguez





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